Lo Paranormal en Lo que solo el tiempo sabe

Mi novela, Lo que sólo el tiempo sabe, es una historia de amor a caballo entre dos épocas que traspasa los limites del tiempo, explora sus normas y el modo de saltárselas. Y lo hace desde el mundo de la Ciencia, de lo Paranormal, de los Mitos y de algunos conceptos de la Nueva Era.

Aquí os dejo un par de páginas de la novela en las que la protagonista en al año 1.800, Isabel de Mesa, visita a una amiga, Carmen Ruiz, que conoce todo lo que puede saberse sobre prácticas mágicas, sobre comunicaciones con los espíritus. “Pero no como muchos charlatanes que intentan engañar a la gente que les otorga su confianza –nos dice Isabel en el libro- sino que estudia, medita, lleva una vida realmente austera y, me atrevería a decir, que mística.”

En  este fragmento que os dejo, empieza preguntando Isabel de Mesa  a Carmen Ruiz sobre un sueño que ha tenido, y dice:

FRAGMENTO DE LO QUE SOLO EL TIEMPO SABE:

—Estamos solas, Carmen —supliqué—. Nadie puede oírnos. Y yo necesito saber. Te lo ruego...

Clavó sus ojos en los míos. Desde ellos, un río inmenso de tristeza y melancolía me invadió.

—Te diré lo que pienso. El ser, lo que somos cada uno, no tiene una naturaleza única, sino diversa. Cada una de las naturalezas que somos cuenta con una existencia independiente, aunque ocasionalmente pueden estar conectadas las unas con las otras. Pero no siempre. Los saberes ocultos recogen hasta siete planos del ser que, como una escalera hacia la perfección, hacia la comunión con Dios, ascienden a través de la senda de la bondad y del conocimiento profundo de las cosas hasta lo divino.

“Nuestro mundo, aquel por el que nos movemos cotidianamente, en el que somos dichosos e infelices, en el que nos alimentamos y procreamos, en el que gozamos de salud y sufrimos con la enfermedad, en el que, finalmente, morimos, es el plano de la materia. Se trata de un estado denso, pegado a la tierra de la que procedemos. Dentro de esa naturaleza nos arrastramos a lo largo de toda nuestra vida, salvo que... —dudó un momento, evaluando si debía seguir con su explicación. Finalmente, sin apartar la mirada de la mía, prosiguió— salvo que seamos capaces de ascender en nuestra espiritualidad.”

—Quieres decir que no tenemos necesariamente que mantenernos siempre aquí, en este mundo material —intenté simplificar, para ayudarle a que siguiera.

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—No, desde luego: La oración, la meditación, el ayuno y ciertas prácticas espirituales pueden ayudarnos a crecer dentro de la escala de nuestras naturalezas posibles. Es viable y deseable.

—¿El hombre que me ha visitado puede encontrarse en un plano más alto? ¿Es eso lo que me quieres transmitir?

—Ahí voy, Isabel, pero ten un poco de paciencia. Necesito que entiendas lo que te quiero decir o me tomarás por loca... o por bruja. Déjame seguir, te lo ruego —imploró Carmen, con los ojos anegados visiblemente de lágrimas que no acababan de encontrar su camino fuera de los párpados. Me sentí mal por la interrupción, por mi anhelo de llegar a una explicación rápida. Y me hice el firme propósito de dejarla continuar. Hasta cuando ella quisiera. Prosiguió—. Más arriba, en el tercer nivel, se encuentra un plano más sutil, cercano a los astros y las estrellas del firmamento. Un estado en el que los sentidos físicos del hombre, los asociados con el plano de la materia, tienen su correspondencia exacta: se puede oír, se puede ver, se puede tocar, se puede oler y se puede gustar. Pero de un modo distinto.

“Se trata de un estado sin densidad aparente, un estado de fluidez total, con su propia geografía, sus paisajes, sus habitantes, sus áreas, sus reinos y sus provincias, exactamente como ocurre en el material. Pero son planos que habitualmente no se relacionan entre sí. Permanecen independientes, sin que sepan nada el uno del otro. Son tan diferentes y es tan superior el mundo sutil del material que el saberse con la posibilidad de estar en el más alto, sin una preparación espiritual adecuada, haría imposible la existencia en el material. Piensa que en ese plano se puede viajar de una región a otra por el simple deseo de hacerlo, por un acto de voluntad inmediato. Incluso se puede viajar de un tiempo a otro dentro de ese plano con idéntica facilidad. El tiempo y el espacio tienen sus propias manifestaciones allí, con la diferencia respecto del plano material de que son vulnerables por el mero hecho de querer vulnerarlos.”

“Sin embargo, lo que sí puede ocurrir en contadas ocasiones es que se establezca una relación directa entre lo etéreo y las áreas y habitantes materiales. Si se posee el poder para hacerlo, es posible ascender de lo inferior a lo superior, viajar a través de la región de los astros, contemplar otra realidad material, pegada a la tierra, y regresar al punto de partida.”

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—Y ¿quién posee ese poder? —pregunté, sin poder acallar mi curiosidad, a pesar de la promesa que me había hecho de no interrumpir a Carmen—. ¿Cómo se consigue el poder necesario para introducirse en ese mundo etéreo desde el material y regresar a éste?

—Ese poder se obtiene por quienes están capacitados para poseerlo y se someten a lo largo de sus vidas a un intenso entrenamiento físico y espiritual.

—¿Tú lo tienes? ¿Tú gozas de ese poder, Carmen?

—No... O, sí... Pero sólo parcialmente. Hay veces que, vía la meditación, percibo destellos del mundo inmaterial. Y, a su través, ocasionalmente, puedo explorar otras realidades materiales. El problema es que no soy capaz de hacerlo voluntariamente, cuando yo quiero.

—¡Una pena! Sería maravilloso poder disfrutar de ese poder a voluntad.

—Claro, pero el recorrido para llegar a ello, aunque existe, es largo, penoso y sólo al alcance de muy pocos seres humanos... Aunque también puede adquirirse de forma accidental, según se afirma. Se puede llegar a conseguir moverse entre uno y otro plano sin que medie un acto voluntario, ni un entrenamiento específico. Ni siquiera el deseo de obtenerlo. Simplemente aparece y, a menudo, el que lo posee ni siquiera es consciente de ello. No sabe que lo tiene. Ni sabe lo que hace cuando lo utiliza.

—Algo así como un don natural: conseguido sin quererlo. Y sin ser consciente de poseerlo.

Exactamente. Y con esto quiero decir —afirmó Carmen, mientras tomaba mi mano entre las suyas y me hacía notar su calor interno— que probablemente tu visión, más que un sueño mantenido una vez despierta, sea la manifestación de un ser real en su plano inmaterial, voluntaria o involuntariamente conseguida.

—Pero... ¿tendrá también una existencia real, física, como la de todo el mundo que conocemos?

—Probablemente, sí. En su plano material será un hombre con toda su densidad, un hombre compuesto de la misma materia que tú y que yo. Normal, si me permites decir esa palabra.

—¿Y... volverá? —pregunté, mirándola fijamente, inquisitiva.

—No lo sé —negó con la cabeza Carmen—. Y es posible que él tampoco lo sepa. Incluso es posible que él ni siquiera en su plano material

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sea consciente de que te ha visitado desde el otro plano. Ni que exista ese otro plano.

—Y si él no regresa, ¿podríamos nosotras buscarlo y comunicarnos con él?

—Podría ser —respondió Carmen, crípticamente—. Podría ser... 

 

LO QUE SOLO EL TIEMPO SABE

ANTONIO FUSTER JUÁREZ

Escritor

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